Reseña sobre Reversible (Teatro)

 


Reversible: una epopeya íntima donde el humor le discute a la muerte

Fui a ver Reversible en el teatro Nün, un unipersonal íntimo que se convierte en una experiencia colectiva. Rosita, la protagonista, se entera que su madre fue “llevada por la muerte” y decide emprender una travesía para recuperarla. A partir de esa premisa, la obra despliega una épica en miniatura donde conviven lo absurdo, lo poético y lo profundamente humano. La pregunta que la impulsa —¿y si la muerte tuviera un lugar al que se pudiera ir?— funciona como motor narrativo y, al mismo tiempo, como detonante emocional.

Con dramaturgia y actuación de Mercedes Torre y dirección de Juan Andrés Romanazzi, Reversible se inscribe en la tradición del unipersonal, pero la expande hacia una experiencia musical y sensorial. La música original —interpretada en vivo— no es un acompañamiento sino un lenguaje más: sostiene el ritmo, amplifica la emoción y habilita zonas donde la palabra sola no alcanza.

Lejos de caer en la solemnidad que suele rodear al duelo, la obra elige el humor como herramienta. Esa decisión no alivia el dolor sino que lo vuelve transitable. El texto, escrito en verso, y la construcción de un universo escénico donde lo cotidiano se mezcla con lo fantástico, generan una experiencia que oscila entre la risa y el dolor por una pérdida.

En ese cruce —entre lo épico y lo doméstico, entre la pérdida y la imaginación— Reversible encuentra su potencia: no intenta explicar la muerte, sino rodearla, tensionarla, incluso discutirle. Y en ese gesto aparece algo más: la posibilidad de pensar el duelo no como un cierre, sino como transformación.

Con reconocimientos como el Premio Trinidad Guevara y varias nominaciones a los Premios Hugo, la obra confirma que el teatro independiente sigue siendo un territorio fértil para las preguntas grandes, esas que no tienen respuesta pero sí necesitan ser dichas.

Reversible no ofrece consuelo fácil. Pero sí algo quizás más valioso: la certeza de que, incluso frente a lo irreversible, el arte puede abrir un margen —aunque sea mínimo— para volver a intentar.

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